Футбол
Han pasado nueve años desde que Berizzo salió del banquillo de Balaídos. Pero él nunca se ha ido del Celta. Queda un recuerdo imborrable de aquel tiempo, frases que parecen esculpidas en piedra y un equipo que hizo soñar con lo que parecía imposible. Un tipo especial y un entrenador único que esta semana regresó a Vigo de visita, donde acumula afectos que le obligan siempre a volver. Lo hace sin equipo, tras un periplo por diferentes plazas donde no encontró los resultados que tuvo en Vigo. Habla con la rotundidad de siempre, enferma con los vicios del nuevo fútbol, sufre con la corrupción que gobierna este juego y le cuesta asimilar el cambio social que entre risas retrata con una descripción genial: “Me enseñaron a meterme un ajo en la boca para tener peor aliento e incomodar al delantero. Hoy los jugadores se lavan los dientes antes de saltar al campo”. La charla, aplazada muchas veces, llega con el Celta en lo alto, algo que disfruta y que no se cansa de elogiar. Por Claudio, por el club y por el proyecto. -¿En qué momento procesal estamos?, ¿está escuchando, buscando...? -En el orden sería: escuchando, entusiasmándome con lo que escucho y en el trasfondo buscando porque uno debe buscar trabajo. -¿Se ha vuelto más especial para aceptar? -Las propuestas cada vez tienen que encajar mejor. No sé si tiene que ver con la edad, pero uno se va poniendo a lo mejor más selectivo. Quisiera trabajar en un proyecto bueno. No por dirigir dirigiría en cualquier parte. Me gustaría hacerlo en un contexto, en una organización muy buena como por ejemplo me pasó en México, que fui al León de México, una organización muy humana a pesar de ser muy potente económicamente. Es una organización dirigida por Jesús Martínez y su hijo Jesús donde hay mucha libertad. Puedes hacer lo que quieras, entrenar como quieras, modificar cosas, encargarte de la infraestructura, te empujan, te tiran y también te acompañan. -¿Se siente con la capacidad de decir que no? -Sí, digo mucho que no. Digo más no que sí, me cuesta mucho. Antes tenía el sí fácil. Viene un equipo de España y dices que sí. Hoy tendría que pensar con quién trabajar, dónde trabajar, hacia dónde vamos o qué quiere el club de mí. Lo pienso mucho y analizo con más calma. No me embarco rápidamente, no me genero un entusiasmo artificial. Sé que uno necesita trabajar también, no sólo económicamente, sino necesita trabajar para sentirse pleno. Pero bueno, prefiero analizar bien para poder decir sí, convencido. -¿No es de los entrenadores que siente ansiedad por estar en el paro? -No. Si no surge nada estoy bien conmigo mismo. Tengo una vida llena de afecto, gente a la que visitar, lugares donde viajar. El fútbol quema mucho, te obliga a quedarte en un sitio y a no poder disponer de tiempo libre. Lo contrario sucede en las selecciones. Cuando eres seleccionador tienes tiempo para moverte. Hubo un momento a nivel personal que necesitaba tiempo para moverme y opté por entrenar a una selección. Fue una decisión mía, lo necesitaba. Si no, claro que prefieres un club. -¿Empeora el ánimo sin dirigir? -Yo no tengo esa ansiedad de pertenecer, de figurar, de estar en el mundo aferrado a cualquier posibilidad. No la siento. A lo mejor soy un tanto extraño, pero no la siento. -Es un tipo raro en un mundo donde parece que todo gira alrededor del técnico. -El entrenador suele reclamar mucho la atención sobre sí mismo. Yo creo que genera una cierta adición en el cargo, en el puesto, en el trabajo. A mí no me resultaría fácil un domingo entrenar un equipo y el martes entrenar otro. Uno también vive muy expuesto aquí a la terminación de tu trabajo. Pierdes cinco partidos y despido. Parece que el entrenador es el único que paga porque es el más fácil de correr. Yo lo pondría al final de todo porque el entrenador es el club. El entrenador del Celta es el Celta. Por más importancia que tenga el presidente, el director deportivo...el entrenador del club es el club. La gente escucha al entrenador continuamente. El representa las ideas y hacia dónde va el club. Claro que en las reuniones internas te dicen cosas, queremos que los chavales tengan proyección y demás...pero la última palabra, la cara visible, la energía que transmite y la ilusión que contagia es la del entrenador. Desde un despacho es más difícil generar eso. -Y supongo que en los despachos a veces como no saben por qué pasan ciertas cosas eligen el camino más corto. -Víctimas de un sistema que cada vez concede menos tiempo. Hay que cambiar. Cambiemos, cambiemos, cambiemos...y a veces cuando no se sabe qué hacer, pues cambias el entrenador. El técnico ha quedado en una situación de debilidad porque las propiedades son cada vez más fuertes. Y luego están los futbolistas también que son más escuchados que el propio entrenador. Muy pocos equipos defienden a su entrenador frente a su vestuario. Los valores, la disciplina, la organización...¿quién la cuida? El entrenador la cuida más que el futbolista. Pero cuando suceden cosas o las papas queman el entrenador se va antes que los futbolistas. Hay una contradicción en todo. En los comunicados de despido te dicen ‘gracias por defender los valores del club’. Pues resulta que precisamente los estaba defendiendo y... ¿me echas a mí?. -Le ha sucedido claro. -Me pasó en Sevilla por ejemplo. Pones el pecho y después el que te vas eres tú. Entonces se ha vuelto una profesión donde el entrenador ha quedado debilitado por dos fuerzas que confluyen en ti, pero tú desapareces con mucha facilidad. -Y al final no deja de estar en manos de un resultado, de un balón que va dentro o fuera. -Las victorias disimulan todo eso. El que gana siempre tiene razón y yo digo que quien gana a veces no tiene razón. A lo mejor es un relato ingenuo en mí. Llevo 50 años en el fútbol y no voy a cambiar mi manera de pensar porque me vendan otra cosa. -¿A estas conclusiones ha llegado ya con la experiencia como entrenador o cuando eras jugador tú ya veías que esto iba por ese camino? -No adivinaba tan rápido esta evolución. La sociedad ha cambiado, nosotros no criamos a nuestros hijos como nos criaron. Pero entrenar es un poco educar. Hace 25 años en un vestuario preguntabas quién marca a Hierro y levantábamos la mano diez: “Dámelo a mí, míster”. Hoy haces la misma pregunta y la respuesta es “decídalo usted, para eso era el entrenador”. -Un mensaje que muchos consideran trasnochado. -A veces el rigor, la disciplina son necesarias. La distancia, los límites. Yo creo que para que un equipo funcione tiene que haber una sensación de justicia, de que todo el mundo recibe el mismo trato, el mismo entrenamiento, el mismo cuidado, la misma atención. Y coincido mucho con Luis Enrique cuando dice que los talentosos son el ejemplo. No son los que tienen menos responsabilidad, sino que son los que tienen más. El jugador importante era el líder. Hay un líder futbolístico a veces y en otras ocasiones un líder espiritual o anímico. Ese líder quiere la responsabilidad y quería solucionar cosas. Hace 25 años en un vestuario preguntabas quién marca a Hierro y levantábamos la mano diez: “Dámelo a mí, míster”. Porque se creían capaces de marcarlo, porque querían jugar y también para decirle a los compañeros “yo soy valiente, yo lo marco”. Hoy haces la misma pregunta y la respuesta es “decídalo usted, para eso era el entrenador”. Hoy el jugador valioso es el que soluciona cosas y el que se saca un jugador en un uno contra uno. Hoy son ocho operarios manejando la pelota hasta que se la dan al banda a pierna cambiada que te destroza. O el futbolista que lee el juego y llega desde atrás y te marca goles. Lo demás es organización, pases, pases, pases, pases, pases. Leí a alguien decir que el fútbol es un teatro de pases muertos. Veinticinco pases para cruzar la mitad de la cancha. Un equipo ataca y otro equipo “recontradefiende”. -Y claro, no le gusta. -Me gusta cuando los roles se intercambian constantemente. Te ataco y me atacás. Te presiono alto, tengo intención de quitarte el balón. No me meto en mi propia área a esperar que tu centro sea malo y que la saquen mis centrales. -¿Cómo lo veía cuando era futbolista y cómo lo ve como entrenador?, ¿veía que la deriva era esta? -Yo necesitaba entrenarme como jugador. Yo no era crack para poder decir de lunes a viernes no hago nada. Yo necesitaba entrenarme alto, necesitaba que me contasen el plan de partido, quién era mi rival, mi atacante, mi nueve. Hacía preguntas y reclamaba respuestas. Yo al nueve que iba a enfrentar lo miraba, lo analizaba. Pensaba así, pensaba en protegerme antes. Y no esperaba que el entrenador me lo cuente. Si el entrenador era malo generé mis herramientas para que no me contagiase. Hoy el futbolista espera demasiado del entrenador. Los futbolistas no conocen sus virtudes o las cosas que hacen bien, o sus defectos. Yo sueño con que un día llegue un jugador y me diga yo tengo que entrenar juego aéreo que cabeceo muy mal. Que se reconozca, que demande entrenamiento de lo que necesita. Y ni hablar que solucione cosas a nivel táctico. Ese sería mi sueño. Sería bueno que hoy yo tenga que hacer uno contra uno defensivo porque el partido pasado me eliminaron con mucha facilidad. -¿Qué futbolistas le gustan? -Los que entienden el juego, los que hacen cosas en pos del equipo, los jugadores tácticos y luego esos especialistas del uno contra uno. Hoy el juego se está sectorizando. Necesitas ese tipo de jugador de banda que se saque gente de encima con facilidad, que te rompen. -¿Y te sientes cómodo en este fútbol? -Sí, sí. Todo este pensamiento después me lo guardo en el bolsillo. No es una crítica quejosa. Es una descripción. Yo desafío mucho a los jugadores cuando entrenan. Yo les propongo un ejercicio y les digo ‘no lo van a hacer bien porque requiere de un entendimiento que ustedes no están dispuestos a procesar’. A veces les cambio ejercicios mecánicos para obligarles a encontrar una solución. Yo creo que la clave de un entrenador no es solo sacar los mejores jugadores, sino incorporarles las herramientas que van a necesitar. Y después enseñarles a elegir bien. -El fútbol evoluciona, pero a veces también se imponen ciertas modas. -Exacto. Hoy todo el mundo quiere salir con el portero, incluso el central se la da y luego la patea en largo. No lo entiendo. O el saque de centro del PSG que hacen para apretar arriba. Supongo que quieren que empiece el partido con el peligro esté lejos de tu arco. Tú te posiciones tácticamente y lees rápido cómo se van a parar ellos. Porque si es para recuperar el balón...ya lo tenías en tus pies. No es una crítica, es una falta de comprensión mía. Un día se lo voy a preguntar a Luis Enrique. Si es para acomodar el equipo, que el partido empiece sin que pase nada, está bien. -Los equipos tienden a parecerse. -Vi el Noruega-Brasil y resulta que Noruega dobla la posesión a Brasil. ¿Cuándo lo hubieses dicho? Odegaard acorraló a 10 brasileños contra su área, haciendo posesión, sin tener Brasil la capacidad de quitarle el balón a Noruega.Ha pasado una cosa muy importante queInternet, la globalización, el intercambio de información...hace de que los scouts, la gente que ficha jugadores lo hace en todas partes del mundo. Entonces Cabo Verde tiene 14 jugadores que juegan en Europa. Ya no son Cabo Verde que juegan en su Liga. Antes pensábamos que el nivel de la selección estaba directamente relacionado con el nivel de su Liga. Hoy eso no existe más. El nivel de Cabo Verde es el nivel que le dan los internacionales que tienen en toda la Liga del Mundo. Y eso pasa con Marruecos y eso pasa con Noruega y eso pasa con un montón de equipos que tienen más de la mitad de la plantilla jugando en equipos importantes. Entonces todo se ha equiparado. No se puede ni hablar del plano físico, pero en el plano técnico el nivel se lo da la Liga donde juegan esos futbolistas a las selecciones. En el caso contrario están las selecciones que no han exportado tanto como lo hacían antes. Chile, por ejemplo. Paraguay, que a lo mejor no tiene tantos internacionales. -¿No tiene la impresión de que hay técnicos intentando imitar a otros entrenadores? -Claro, como lo de salir jugando del área. No tienes jugadores para hacerlo y lo haces. ¿Por qué te metes en ese follón? A mí no me gusta o nunca me gustó copiar. No copio, o copio cosas puntuales que me parecen buenas. Nosotros en Newell’s en los noventa con Bielsa ya metíamos a Llop, que era el contención, entre Gamboa y Pochettino y hacíamos salida de tres. Saldaña y yo éramos los laterales y nos metíamos a jugar por dentro. Son cosas que funcionan en algunos equipos. Yo no hago una copia generalizada de algo que no sé jugar. Pero sí encuentro movimientos interesantes de copiar o de aplicar en mi equipo y un entrenador mucho más inteligente que yo. No me resigno a que alguien me gane antes de empezar. Esa ilusión me mueve, me alimenta. -Eso se ha visto en la personalidad de sus equipos, no hay mejor ejemplo que su Celta -Siempre pensé así. Recuerdo una anécdota con el gran Genaro Borrás. Cuando llego al Celta en el aeropuerto me preguntan a qué vengo y yo digo que ‘a salir campeón’. Entonces al día siguiente voy a hacer la revisión médica y Genaro está con el Faro en la mesa y me enseña la declaración. Y me dice que en España hay dos camisetas, la del Real Madrid y la del Barça, y que los demás parecen manteles y cortinas. `El orden establecido no es igual que de donde tú vienes`. Me quedó grabado. A pesar de esa advertencia, yo nunca creí que no le podía ganar a alguien. Es más, nunca creo que no soy capaz de ganarle a alguien. Si tengo que jugar al tenis contra Djokovic hoy, yo entro a la cancha pensando en que le puedo ganar. Y durante el partido encuentro sus debilidades o me las rebusco, me vuelvo... no sé, soy un competitivo salvaje. Sin remedio. No me resigno a que alguien me gane antes de empezar. Esa ilusión me mueve, me alimenta. -Pero luego tiene que convencer a los veinticinco que hay en el vestuario. -Si eso es genuino, si eso lo sientes de verdad, puedes transmitirlo. Yo no puedo vender algo, no puedo convencer a alguien de una idea que no es real. A nadie le dije que era un crack si no pienso que es un crack. Yo a Jonny le decía, porque estaba en ese momento convencido, que era el único capaz de detener a Messi cuando todavía jugaba en la banda derecha. Jonny era nuestro lateral izquierdo, y afortunadamente era diestro, entonces podía cerrar con Messi para adentro. Y yo estaba convencido y verdaderamente siento que muchos de nuestros partidos con el Barça aquel, el ganarles, tenían su explicación por el duelo de Jonny y Messi. Yo no soy un entrenador que te va a convencer de algo que no crees. No te digo que eres un crack. En el fútbol hoy todo el mundo es crack y de esos hay dos, tres, cuatro...los demás son buenos jugadores -Más allá de las soluciones futbolísticas, convertías los partidos en un acto de fe. -No los engañaba. Yo no soy un entrenador que te va a convencer de algo que no crees. No te digo que eres un crack. En el fútbol hoy todo el mundo es crack y de esos hay dos, tres, cuatro...los demás son buenos jugadores. Hay escalas pero nos encanta poner la etiqueta de crack. Hay que tener cuidado con los calificativos. Y claro, hay que explicarles a los jugadores que no son menos que esos que tienen enfrente, que aunque lo parezca y lo digan por ahí la distancia no es tanta. -Eso es lo que pasó en el Celta durante aquellas tres temporadas. -Siento que pasó eso. Y la gente también se adhirió a eso. Porque si te suicidas la gente te acompaña a un partido. Te dicen, ‘eh, loquito, espera. ¿Vas a perder todos los partidos así?’ La gente te compra un partido suicida; al tercero ya te recuerdan que no les gusta perder todos los partidos. Pero la gente quería desafiar, quería a su Celta desafiante. Por eso se enganchó mucho con aquel equipo. -Ahora en Vigo se vive un efecto bastante parecido en cuanto a conexión con lo que fue su Celta. -El actual Celta tiene un funcionamiento, una asociación más alta que nuestro Celta. Éramos más noqueadores. El Tucu, Wass, Radoja, Augusto, Nolito, Iago, Orellana...bah, te matábamos. Metíamos al rival en una centrifugadora de la que no sabían cómo salir. O te metes en nuestro ritmo o nuestro ritmo te pasa por encima. El Celta de Claudio creo que tiene una propuesta más estética, más de juego. Es muy hermoso verlos jugar, lo hacen bien, no pierden la pelota y lo rompen con la posesión. Nosotros éramos un equipo más loco, jugaba al te pego y me pegas. Aquel equipo te emocionaba. Ha pasado tiempo y ese es mi recuerdo...no sé si la afirmación es muy real, pero tengo la sensación de que sí es bastante precisa. Creo que trascendí como entrenador mi etapa como jugador y es algo que no suele suceder -Imagino que siente el cariño que dejó cada vez que vienes a Vigo. -La gente se acerca y notas ese buen recuerdo, ese cariño. Y me sorprende porque veo camisetas con mi nombre. Porque yo creo que trascendí como entrenador mi época de jugador...al futbolista. Y eso que jugué más años de los que entrené y en aquel tiempo incluso jugamos la Liga de Campeones. El otro día me pasó algo curioso. Estaba en la peluquería y había un niño de unos doce años y el padre le preguntó si sabía quién era y él dijo “el que nos llevó a Manchester”. Es imposible que me viese entrenar, no lo vivió y si lo hizo no tenía edad para acordarse. En Vigo siempre siento ese cariño, esa añoranza. Por eso mi desafío era traer la historia más acá. -¿Qué quiere decir eso? -Que cada vez la gente se acuerde de cosas que sucedieron hace menos tiempo. Pues lo que está haciendo el Celta de Claudio. Cuando llegué todo el mundo hablaba del 4-0 a la Juve y yo dije bueno, estuvo bien, pero no ganaron nada. Se recuerdan partidos y yo quisiera recordar campeonatos. Entonces quería que la historia se venga para acá, que recordásemos algo más cerca. Ojalá traigamos un campeonato, que lo haga el Celta actual...o tal vez el siguiente. Pero que recordemos un campeonato de una vez. No recordar las finales, los penales, la final de Zaragoza...quiero para el Celta cosas cercanas y mejores. -¿Vuelven sus recuerdos mucho a Mánchester, a esa última jugada? -Todo el mundo te la recuerda. Que debió tirar, que no debió tirar. No vuelvo la memoria para atrás. A lo mejor porque duele. Entonces no es un ejercicio grato. No reviso mucho y siempre pienso en el ahora. Gasto la energía en lo que viene y no me regodeo en las malas sensaciones ni en los recuerdos dolorosos. No dedico tiempo a pensar en si Beauvue debió tirar o no. Lo importante es que la próxima vez que estemos ahí delante vaya para dentro. -En Vitoria, en aquella vuelta de semifinales de Copa, seguramente fue la ocasión en la que el Celta fue menos suyo, que guardó más la ropa. -Puede ser, pero mi cabeza bloquea ciertas cosas. Recuerdo que nos marcaron el gol en la vuelta entrando de segunda línea, una parada de Pacheco a Aspas...pero poco más. Insisto en que duele. No dedico tiempo a eso, a pensar en si Beauvue debió tirar o no. Lo importante es que la próxima vez que estemos ahí delante vaya para dentro. -Han pasado nueve años y cada vez que el Celta juega un partido importante la gente sigue recordando aquellas frases tuyas, el vídeo de la camiseta...llegaste a ser casi más que un entrenador. -Lo siento cuando vuelvo. En la vida creo que la clave es querer y que te quieran. Lo increíble o lo trascendente es que te quieran sin haber ganado porque ciertamente no gané nada. Que te quieran porque reconocen que dijiste verdades que te salieron, que era genuino, esa verdad. Yo creo que esa es la clave. El jugador es más pillo que el hambre y cuando el discurso es artificial o solo está inventado para lograr un fin, dura poco. A mí me quieren por haber hecho un equipo valiente de verdad, no prometer nada a cambio, ilusionarme con un campeonato que llegará. Y también me pasa una cosa muy gratificante. Yo soy un tío de cafetería, tú te cruzas conmigo en la calle, voy al cine, estoy en La Sirenita...a veces en el fútbol actual parecen extraterrestres que hasta te preguntas dónde vivirán estos. Yo vivía ahí abajo y paseaba por la calle todos los días y eso a la gente aquí le gusta. No quieren a alguien arrogante o distante. Quieren a alguien que trabaje, que no diga chorradas y que cuando las papas y el escenario obliguen, te tire a matar. Ojalá vuelva a suceder o que cuando vuelva a suceder, la metamos. -Pero esto es la prueba de que el juego, además de ganar, también va de emociones. -Claro. Yo no gané una Liga ni una Copa, ni la Europa League. Pero en la gente quedó una ilusión genuina, una emoción contagiada. Yo en ese spot de la camiseta me emocioné porque fui jugador aquí, no me lo contó nadie. No tuve que imaginarme esa emoción, la sentí como futbolista y me sentí también muy identificado. Me tocó ir a UEFA, ir al Champions, bajar a Segunda, subir...Y me quedé en Segunda porque sentía la responsabilidad de devolver al equipo a Primera. Luego me volaron y terminé jugando en otra parte. Creo que la gente se quiere por eso porque dice este jugador cuando nos fuimos a Segunda no salió corriendo. Se quedó aquí, cobró la mitad y devolvió al equipo a Primera y como entrenador transmitió una cosa que todos llevamos dentro que es querer ganarles a todos. No respetar a nadie. Además, es el equipo de muchos amigos, de gente a la que quiero y no podía fallar en el Celta. Yo siento en Vigo que no puedo fallarle a esta gente, que las cosas me tienen que salir bien. La parte emocional ha sido muy intensa siempre en el Celta. Me fui porque no me puse de acuerdo con mi contrato y en el último tiempo no se dio el tono adecuado para arreglarlo -Aún ahora mucha gente se sigue preguntando por qué te marchaste. -Pues no me puse de acuerdo con mi contrato y en el último tiempo no se dio el tono. Negociaba con Antonio (Chaves) y con Felipe (Miñambres), tuvimos diferencias pero creo que se arreglarían y que tenían que ver con el sueldo de mis ayudantes. Pero luego hubo una distancia con el presidente y se acabó. No me gusta volver ahí, a esa situación. -Luego aún hubo un intento por arreglarlo. -Antonio trató de encauzar. Lo valoro mucho como persona. Pero ya no tenía arreglo. -Y luego el adiós. -Lo viví como un momento duro. Antonio y Felipe, a quienes aprecio mucho, estaban muy dolidos, vinieron a despedirse y estaban realmente tristes. Para mí fue difícil. Tenía un plan para quedarme, me iba a comprar un piso en la Avenida Atlántida...tuve que darle para atrás y decirle a los compañeros que nos marchábamos. -Se va casi en la cumbre...tal vez si las cosas no hubiesen salido mejor la temporada siguiente el recuerdo no sería el mismo. -No me hubiese ido. No soy de esos que dicen “ahora la bajada la agarren ustedes”. No, no, no. No pienso así. Estaba muy bien. No imaginaba tampoco que lo que venía era peor (se ríe). Creía que podíamos completar el trabajo, que podíamos hacer un equipo mejor. No lo planeé, salió así. No nos pudimos de acuerdo y salí. Pero no por algo que me convenga. -¿Se reprocha algo de esos tres años? -A lo mejor fui injusto con algún jugador que mereció más minutos. Y por mi consideración no lo tenía tan elevado. Pero traté a todo el mundo igual. Y tal vez también a la organización. Todos te pueden decir cómo entrenaba, pero yo creo que la razón fundamental de mi trabajo es que todo el mundo tenga ganas de trabajar. El utilero, el director deportivo. Que sientan que tienen un compañero que los estimula. Eso sentí en mi paso por aquí, que todo el mundo tenía ganas de ir a A Madroa. No solo los jugadores. Es una cosa importante de sentir, de transmitir o de estimular. Después me puedo haber equivocado en planteos tácticos, seguro. Tampoco miré para otro lado cuando hubo que administrar justicia. Tuve que castigar a un futbolista, multarlo. Incluso separarlo. -Le pasó con Orellana. -Sí. Y lo hice. Nadie puede decir que tuve un trato preferencial con unos y con otros no. Por eso hay que tomar ciertas decisiones. Lo que hablamos antes del respeto y las normas. -Yo le pongo un debe. La cantera. Se ha visto que funciona y el equipo ya trabajaba con un modelo y en el filial ya había buenos futbolistas. Pero miró poco hacia ellos. -Puede ser. Pero a lo mejor el equipo ya estaba tan constituido, tan arraigado, con una manera de jugar tan instalada que no permitía la entrada de los chicos con facilidad. Es posible que me equivocase en eso. Yo me acuerdo de que el año de la UEFA tenía en el cuerpo la sensación de aquella temporada que jugamos la Champions y bajamos a Segunda. Por eso en Europa jugamos mucho con el equipo alternativo. Hasta que no conseguimos los puntos en la Liga no cambiamos esa idea. Estaba obsesionado con el daño que nos había hecho la Champions aquella temporada de jugador. El celta ha logrado el sueño de que su cantera sea lo que quería que fuese. Ese proyecto ha cuajado y me alegro mucho de ver ese crecimiento y de disfrutarlo. -Al final el Celta ha encontrado eso tan complicado que es conectar todo el club para que su proyecto de cantera funcione. -Ha logrado el sueño de que su cantera sea lo que quería que fuese. Y lo es. Hoy en el primer equipo juegan quince de casa, el filial sube a Segunda. Hay una garantía de jugadores por los próximos 15 o 20 años, tal vez. Hay que cuidarlos. Pero sí, ese proyecto ha cuajado y me alegro mucho de ver ese crecimiento y de disfrutarlo. -¿Cree que en el Celta tu semilla permanece? -No lo sé. No podría contestar. El recuerdo es una cosa y el día a día es otra. No, no lo sé. -A nivel de mentalidad sobre todo. -Puede. No tácticamente, porque los equipos cambian, evolucionan. El fútbol no es el de hace años y Claudio ha hecho un trabajo fantástico. Cómo juega, los cambios, las rotaciones, que todo el mundo está implicado en un sistema definido. Y ves a un equipo convencido de lo que hace, ha hecho un trabajo fenomenal durante este tiempo. Pero no podría decirte, no tengo el tacto para decirte si esa idea permanece de si esa manera desafiante de jugar permanece. En lo que sí coinciden es en que son equipos que quieren estar en el campo rival. El diseño y el sistema no son parecidos, pero cualquier sistema es buena si los jugadores están convencidos y los actuales lo están. -A su manera Claudio tiene un mensaje que en ocasiones recuerda al tuyo. Otro estilo pero hay ambición también en ese discurso y el equipo cree, aspira y se ilusiona. -Hoy también la gestión de grupo se ha tornado indispensable. El entrenador es una máquina de contagio. Si no, el combustible no alcanza. Para mí, un equipo energético, transmitiendo esa energía, es casi más importante que la táctica. Puedes jugar desordenado, pero con una mentalidad inquebrantable y es mucho mejor que jugar ordenado, sin esa mentalidad. ¿En qué sentido el Celta ha llegado a un punto ideal casi?, ¿tiene el entrenador ideal para su proyecto?, ¿tiene los jugadores más o menos alineados?, ¿tiene una idea muy clara?, ¿tiene un entorno muy bien construido en torno a todo eso? Pues el Celta está en un momento ideal para crecer, para expandirse y, a lo mejor, para ganar. -¿Lo ve con ese optimismo? -Yo discutía mucho con Antonio (Chaves) de qué nos separaba de los equipos para instalarnos en el grupo de los importantes. Cuesta mucho. Hoy veo que la posibilidad está más cercana. Porque tiene tiene jugadores, tiene recursos, un plan claro. Las condiciones están dadas, son más sólidas que en mi época. Hoy el Celta podría transferir un montón de futbolistas que serían buscados por otros clubes...pero ojalá no vendan a nadie y sigan jugando así de bien. -Cuando hace más de dos años el Celta decide prescindir de Benítez piensan en usted como una de las posibilidades... -No lo vi en ese momento. A veces no es exactamente lo deportivo lo que te hace decidir. Es el momento de tu vida. Quieres estar con tu familia y dices que no. No soy de correr detrás de la zanahoria porque tengo otras zanahorias fuera del fútbol. A veces esta profesión te mete el veneno de volverte egocéntrico, de que si no estás en la rueda...Yo soy feliz con quien soy, fuera de la rueda. No la necesito. Ya conocí la emoción que provoca estar en esta montaña rusa que es el fútbol. Y la verdad que te contamina. Es casi perverso imaginar un ambiente hostil o necesitarlo; esa emoción de 50.000 gritando. Y te vuelves un tanto adicto a eso. Y lo necesitas. Pero lo necesitas más si no tienes algo fuera de esta profesión, algo que te guste. Y yo tengo fuera de la profesión algo que me gusta mucho. Entonces, como te decía, me encanta jugarlo, me encanta dirigirlo, me encanta verlo, pero no me encanta todo del fútbol. Entonces, en aquel momento la otra zanahoria pesó más. -¿Eso fue todo? -Bueno, la temporada estaba iniciada...no sé. Aunque luego me fui a León en México con la temporada iniciada. De todos modos, llamaron a Claudio que fue lo mejor que pudieron hacer para el Celta. -Un segundo baile...tal vez llegue. -Yo necesito que las cosas me vayan bien aquí. Siempre pensé y lo comprobé estando en la tribuna de un equipo que si quieres tirar por la borda todo lo que has construido como jugador tienes que hacerte entrenador de ese mismo equipo. A mí me sucedió al revés. Y eso que viví como futbolista años muy buenos en el Celta. Pero no sé, parece como que el recuerdo de entrenador caló. Y bueno, en ese momento no lo había sentido. Yo siempre le echo la culpa a las tripas. Y cuando las tripas no sienten venir, no, en ese momento no lo sentí. -Es curioso porque se va del Celta y no acaba de cuajar en ningún equipo. -Hay muchas circunstancias. No todo es malo. De Sevilla salgo con el equipo muy bien clasificado y en una temporada llena de problemas dentro y fuera. Y el club tomó esa decisión... Pero sí que es verdad que lo del Celta fue muy bueno. Demasiado bueno en la comparativa de después. Bueno, tendré que repetir algún día... -¿Es el Celta el equipo de su vida? -Lo es. El Celta y Newell’s te diría. He tenido una buena vida en el fútbol, he jugado en muchos sitios, he estado en River, he sido campeón en ocasiones. Jugué muchos años en España. Era lento y grande, pero competitivo. Y sí, el Celta y Newell’s son los que marcan mi vida. -¿Sigue siendo socio? -Ahí sigo.

Han pasado nueve años desde que Berizzo salió del banquillo de Balaídos. Pero él nunca se ha ido del Celta. Queda un recuerdo imborrable de aquel tiempo, frases que parecen esculpidas en piedra y un equipo que hizo soñar con lo que parecía imposible. Un tipo especial y un entrenador único que esta semana regresó a Vigo de visita, donde acumula afectos que le obligan siempre a volver. Lo hace sin equipo, tras un periplo por diferentes plazas donde no encontró los resultados que tuvo en Vigo. Habla con la rotundidad de siempre, enferma con los vicios del nuevo fútbol, sufre con la corrupción que gobierna este juego y le cuesta asimilar el cambio social que entre risas retrata con una descripción genial: “Me enseñaron a meterme un ajo en la boca para tener peor aliento e incomodar al delantero. Hoy los jugadores se lavan los dientes antes de saltar al campo”. La charla, aplazada muchas veces, llega con el Celta en lo alto, algo que disfruta y que no se cansa de elogiar. Por Claudio, por el club y por el proyecto. -¿En qué momento procesal estamos?, ¿está escuchando, buscando...? -En el orden sería: escuchando, entusiasmándome con lo que escucho y en el trasfondo buscando porque uno debe buscar trabajo. -¿Se ha vuelto más especial para aceptar? -Las propuestas cada vez tienen que encajar mejor. No sé si tiene que ver con la edad, pero uno se va poniendo a lo mejor más selectivo. Quisiera trabajar en un proyecto bueno. No por dirigir dirigiría en cualquier parte. Me gustaría hacerlo en un contexto, en una organización muy buena como por ejemplo me pasó en México, que fui al León de México, una organización muy humana a pesar de ser muy potente económicamente. Es una organización dirigida por Jesús Martínez y su hijo Jesús donde hay mucha libertad. Puedes hacer lo que quieras, entrenar como quieras, modificar cosas, encargarte de la infraestructura, te empujan, te tiran y también te acompañan. -¿Se siente con la capacidad de decir que no? -Sí, digo mucho que no. Digo más no que sí, me cuesta mucho. Antes tenía el sí fácil. Viene un equipo de España y dices que sí. Hoy tendría que pensar con quién trabajar, dónde trabajar, hacia dónde vamos o qué quiere el club de mí. Lo pienso mucho y analizo con más calma. No me embarco rápidamente, no me genero un entusiasmo artificial. Sé que uno necesita trabajar también, no sólo económicamente, sino necesita trabajar para sentirse pleno. Pero bueno, prefiero analizar bien para poder decir sí, convencido. -¿No es de los entrenadores que siente ansiedad por estar en el paro? -No. Si no surge nada estoy bien conmigo mismo. Tengo una vida llena de afecto, gente a la que visitar, lugares donde viajar. El fútbol quema mucho, te obliga a quedarte en un sitio y a no poder disponer de tiempo libre. Lo contrario sucede en las selecciones. Cuando eres seleccionador tienes tiempo para moverte. Hubo un momento a nivel personal que necesitaba tiempo para moverme y opté por entrenar a una selección. Fue una decisión mía, lo necesitaba. Si no, claro que prefieres un club. -¿Empeora el ánimo sin dirigir? -Yo no tengo esa ansiedad de pertenecer, de figurar, de estar en el mundo aferrado a cualquier posibilidad. No la siento. A lo mejor soy un tanto extraño, pero no la siento. -Es un tipo raro en un mundo donde parece que todo gira alrededor del técnico. -El entrenador suele reclamar mucho la atención sobre sí mismo. Yo creo que genera una cierta adición en el cargo, en el puesto, en el trabajo. A mí no me resultaría fácil un domingo entrenar un equipo y el martes entrenar otro. Uno también vive muy expuesto aquí a la terminación de tu trabajo. Pierdes cinco partidos y despido. Parece que el entrenador es el único que paga porque es el más fácil de correr. Yo lo pondría al final de todo porque el entrenador es el club. El entrenador del Celta es el Celta. Por más importancia que tenga el presidente, el director deportivo...el entrenador del club es el club. La gente escucha al entrenador continuamente. El representa las ideas y hacia dónde va el club. Claro que en las reuniones internas te dicen cosas, queremos que los chavales tengan proyección y demás...pero la última palabra, la cara visible, la energía que transmite y la ilusión que contagia es la del entrenador. Desde un despacho es más difícil generar eso. -Y supongo que en los despachos a veces como no saben por qué pasan ciertas cosas eligen el camino más corto. -Víctimas de un sistema que cada vez concede menos tiempo. Hay que cambiar. Cambiemos, cambiemos, cambiemos...y a veces cuando no se sabe qué hacer, pues cambias el entrenador. El técnico ha quedado en una situación de debilidad porque las propiedades son cada vez más fuertes. Y luego están los futbolistas también que son más escuchados que el propio entrenador. Muy pocos equipos defienden a su entrenador frente a su vestuario. Los valores, la disciplina, la organización...¿quién la cuida? El entrenador la cuida más que el futbolista. Pero cuando suceden cosas o las papas queman el entrenador se va antes que los futbolistas. Hay una contradicción en todo. En los comunicados de despido te dicen ‘gracias por defender los valores del club’. Pues resulta que precisamente los estaba defendiendo y... ¿me echas a mí?. -Le ha sucedido claro. -Me pasó en Sevilla por ejemplo. Pones el pecho y después el que te vas eres tú. Entonces se ha vuelto una profesión donde el entrenador ha quedado debilitado por dos fuerzas que confluyen en ti, pero tú desapareces con mucha facilidad. -Y al final no deja de estar en manos de un resultado, de un balón que va dentro o fuera. -Las victorias disimulan todo eso. El que gana siempre tiene razón y yo digo que quien gana a veces no tiene razón. A lo mejor es un relato ingenuo en mí. Llevo 50 años en el fútbol y no voy a cambiar mi manera de pensar porque me vendan otra cosa. -¿A estas conclusiones ha llegado ya con la experiencia como entrenador o cuando eras jugador tú ya veías que esto iba por ese camino? -No adivinaba tan rápido esta evolución. La sociedad ha cambiado, nosotros no criamos a nuestros hijos como nos criaron. Pero entrenar es un poco educar. -Un mensaje que muchos consideran trasnochado. -A veces el rigor, la disciplina son necesarias. La distancia, los límites. Yo creo que para que un equipo funcione tiene que haber una sensación de justicia, de que todo el mundo recibe el mismo trato, el mismo entrenamiento, el mismo cuidado, la misma atención. Y coincido mucho con Luis Enrique cuando dice que los talentosos son el ejemplo. No son los que tienen menos responsabilidad, sino que son los que tienen más. El jugador importante era el líder. Hay un líder futbolístico a veces y en otras ocasiones un líder espiritual o anímico. Ese líder quiere la responsabilidad y quería solucionar cosas. Hace 25 años en un vestuario preguntabas quién marca a Hierro y levantábamos la mano diez: “Dámelo a mí, míster”. Porque se creían capaces de marcarlo, porque querían jugar y también para decirle a los compañeros “yo soy valiente, yo lo marco”. Hoy haces la misma pregunta y la respuesta es “decídalo usted, para eso era el entrenador”. Hoy el jugador valioso es el que soluciona cosas y el que se saca un jugador en un uno contra uno. Hoy son ocho operarios manejando la pelota hasta que se la dan al banda a pierna cambiada que te destroza. O el futbolista que lee el juego y llega desde atrás y te marca goles. Lo demás es organización, pases, pases, pases, pases, pases. Leí a alguien decir que el fútbol es un teatro de pases muertos. Veinticinco pases para cruzar la mitad de la cancha. Un equipo ataca y otro equipo “recontradefiende”. -Y claro, no le gusta. -Me gusta cuando los roles se intercambian constantemente. Te ataco y me atacás. Te presiono alto, tengo intención de quitarte el balón. No me meto en mi propia área a esperar que tu centro sea malo y que la saquen mis centrales. -¿Cómo lo veía cuando era futbolista y cómo lo ve como entrenador?, ¿veía que la deriva era esta? -Yo necesitaba entrenarme como jugador. Yo no era crack para poder decir de lunes a viernes no hago nada. Yo necesitaba entrenarme alto, necesitaba que me contasen el plan de partido, quién era mi rival, mi atacante, mi nueve. Hacía preguntas y reclamaba respuestas. Yo al nueve que iba a enfrentar lo miraba, lo analizaba. Pensaba así, pensaba en protegerme antes. Y no esperaba que el entrenador me lo cuente. Si el entrenador era malo generé mis herramientas para que no me contagiase. Hoy el futbolista espera demasiado del entrenador. Los futbolistas no conocen sus virtudes o las cosas que hacen bien, o sus defectos. Yo sueño con que un día llegue un jugador y me diga yo tengo que entrenar juego aéreo que cabeceo muy mal. Que se reconozca, que demande entrenamiento de lo que necesita. Y ni hablar que solucione cosas a nivel táctico. Ese sería mi sueño. Sería bueno que hoy yo tenga que hacer uno contra uno defensivo porque el partido pasado me eliminaron con mucha facilidad. -¿Qué futbolistas le gustan? -Los que entienden el juego, los que hacen cosas en pos del equipo, los jugadores tácticos y luego esos especialistas del uno contra uno. Hoy el juego se está sectorizando. Necesitas ese tipo de jugador de banda que se saque gente de encima con facilidad, que te rompen. -¿Y te sientes cómodo en este fútbol? -Sí, sí. Todo este pensamiento después me lo guardo en el bolsillo. No es una crítica quejosa. Es una descripción. Yo desafío mucho a los jugadores cuando entrenan. Yo les propongo un ejercicio y les digo ‘no lo van a hacer bien porque requiere de un entendimiento que ustedes no están dispuestos a procesar’. A veces les cambio ejercicios mecánicos para obligarles a encontrar una solución. Yo creo que la clave de un entrenador no es solo sacar los mejores jugadores, sino incorporarles las herramientas que van a necesitar. Y después enseñarles a elegir bien. -El fútbol evoluciona, pero a veces también se imponen ciertas modas. -Exacto. Hoy todo el mundo quiere salir con el portero, incluso el central se la da y luego la patea en largo. No lo entiendo. O el saque de centro del PSG que hacen para apretar arriba. Supongo que quieren que empiece el partido con el peligro esté lejos de tu arco. Tú te posiciones tácticamente y lees rápido cómo se van a parar ellos. Porque si es para recuperar el balón...ya lo tenías en tus pies. No es una crítica, es una falta de comprensión mía. Un día se lo voy a preguntar a Luis Enrique. Si es para acomodar el equipo, que el partido empiece sin que pase nada, está bien. -Los equipos tienden a parecerse. -Vi el Noruega-Brasil y resulta que Noruega dobla la posesión a Brasil. ¿Cuándo lo hubieses dicho? Odegaard acorraló a 10 brasileños contra su área, haciendo posesión, sin tener Brasil la capacidad de quitarle el balón a Noruega.Ha pasado una cosa muy importante queInternet, la globalización, el intercambio de información...hace de que los scouts, la gente que ficha jugadores lo hace en todas partes del mundo. Entonces Cabo Verde tiene 14 jugadores que juegan en Europa. Ya no son Cabo Verde que juegan en su Liga. Antes pensábamos que el nivel de la selección estaba directamente relacionado con el nivel de su Liga. Hoy eso no existe más. El nivel de Cabo Verde es el nivel que le dan los internacionales que tienen en toda la Liga del Mundo. Y eso pasa con Marruecos y eso pasa con Noruega y eso pasa con un montón de equipos que tienen más de la mitad de la plantilla jugando en equipos importantes. Entonces todo se ha equiparado. No se puede ni hablar del plano físico, pero en el plano técnico el nivel se lo da la Liga donde juegan esos futbolistas a las selecciones. En el caso contrario están las selecciones que no han exportado tanto como lo hacían antes. Chile, por ejemplo. Paraguay, que a lo mejor no tiene tantos internacionales. -¿No tiene la impresión de que hay técnicos intentando imitar a otros entrenadores? -Claro, como lo de salir jugando del área. No tienes jugadores para hacerlo y lo haces. ¿Por qué te metes en ese follón? A mí no me gusta o nunca me gustó copiar. No copio, o copio cosas puntuales que me parecen buenas. Nosotros en Newell’s en los noventa con Bielsa ya metíamos a Llop, que era el contención, entre Gamboa y Pochettino y hacíamos salida de tres. Saldaña y yo éramos los laterales y nos metíamos a jugar por dentro. Son cosas que funcionan en algunos equipos. Yo no hago una copia generalizada de algo que no sé jugar. Pero sí encuentro movimientos interesantes de copiar o de aplicar en mi equipo y un entrenador mucho más inteligente que yo. -Eso se ha visto en la personalidad de sus equipos, no hay mejor ejemplo que su Celta -Siempre pensé así. Recuerdo una anécdota con el gran Genaro Borrás. Cuando llego al Celta en el aeropuerto me preguntan a qué vengo y yo digo que ‘a salir campeón’. Entonces al día siguiente voy a hacer la revisión médica y Genaro está con el Faro en la mesa y me enseña la declaración. Y me dice que en España hay dos camisetas, la del Real Madrid y la del Barça, y que los demás parecen manteles y cortinas. `El orden establecido no es igual que de donde tú vienes`. Me quedó grabado. A pesar de esa advertencia, yo nunca creí que no le podía ganar a alguien. Es más, nunca creo que no soy capaz de ganarle a alguien. Si tengo que jugar al tenis contra Djokovic hoy, yo entro a la cancha pensando en que le puedo ganar. Y durante el partido encuentro sus debilidades o me las rebusco, me vuelvo... no sé, soy un competitivo salvaje. Sin remedio. No me resigno a que alguien me gane antes de empezar. Esa ilusión me mueve, me alimenta. -Pero luego tiene que convencer a los veinticinco que hay en el vestuario. -Si eso es genuino, si eso lo sientes de verdad, puedes transmitirlo. Yo no puedo vender algo, no puedo convencer a alguien de una idea que no es real. A nadie le dije que era un crack si no pienso que es un crack. Yo a Jonny le decía, porque estaba en ese momento convencido, que era el único capaz de detener a Messi cuando todavía jugaba en la banda derecha. Jonny era nuestro lateral izquierdo, y afortunadamente era diestro, entonces podía cerrar con Messi para adentro. Y yo estaba convencido y verdaderamente siento que muchos de nuestros partidos con el Barça aquel, el ganarles, tenían su explicación por el duelo de Jonny y Messi. -Más allá de las soluciones futbolísticas, convertías los partidos en un acto de fe. -No los engañaba. Yo no soy un entrenador que te va a convencer de algo que no crees. No te digo que eres un crack. En el fútbol hoy todo el mundo es crack y de esos hay dos, tres, cuatro...los demás son buenos jugadores. Hay escalas pero nos encanta poner la etiqueta de crack. Hay que tener cuidado con los calificativos. Y claro, hay que explicarles a los jugadores que no son menos que esos que tienen enfrente, que aunque lo parezca y lo digan por ahí la distancia no es tanta. -Eso es lo que pasó en el Celta durante aquellas tres temporadas. -Siento que pasó eso. Y la gente también se adhirió a eso. Porque si te suicidas la gente te acompaña a un partido. Te dicen, ‘eh, loquito, espera. ¿Vas a perder todos los partidos así?’ La gente te compra un partido suicida; al tercero ya te recuerdan que no les gusta perder todos los partidos. Pero la gente quería desafiar, quería a su Celta desafiante. Por eso se enganchó mucho con aquel equipo. -Ahora en Vigo se vive un efecto bastante parecido en cuanto a conexión con lo que fue su Celta. -El actual Celta tiene un funcionamiento, una asociación más alta que nuestro Celta. Éramos más noqueadores. El Tucu, Wass, Radoja, Augusto, Nolito, Iago, Orellana...bah, te matábamos. Metíamos al rival en una centrifugadora de la que no sabían cómo salir. O te metes en nuestro ritmo o nuestro ritmo te pasa por encima. El Celta de Claudio creo que tiene una propuesta más estética, más de juego. Es muy hermoso verlos jugar, lo hacen bien, no pierden la pelota y lo rompen con la posesión. Nosotros éramos un equipo más loco, jugaba al te pego y me pegas. Aquel equipo te emocionaba. Ha pasado tiempo y ese es mi recuerdo...no sé si la afirmación es muy real, pero tengo la sensación de que sí es bastante precisa. -Imagino que siente el cariño que dejó cada vez que vienes a Vigo. -La gente se acerca y notas ese buen recuerdo, ese cariño. Y me sorprende porque veo camisetas con mi nombre. Porque yo creo que trascendí como entrenador mi época de jugador...al futbolista. Y eso que jugué más años de los que entrené y en aquel tiempo incluso jugamos la Liga de Campeones. El otro día me pasó algo curioso. Estaba en la peluquería y había un niño de unos doce años y el padre le preguntó si sabía quién era y él dijo “el que nos llevó a Manchester”. Es imposible que me viese entrenar, no lo vivió y si lo hizo no tenía edad para acordarse. En Vigo siempre siento ese cariño, esa añoranza. Por eso mi desafío era traer la historia más acá. -¿Qué quiere decir eso? -Que cada vez la gente se acuerde de cosas que sucedieron hace menos tiempo. Pues lo que está haciendo el Celta de Claudio. Cuando llegué todo el mundo hablaba del 4-0 a la Juve y yo dije bueno, estuvo bien, pero no ganaron nada. Se recuerdan partidos y yo quisiera recordar campeonatos. Entonces quería que la historia se venga para acá, que recordásemos algo más cerca. Ojalá traigamos un campeonato, que lo haga el Celta actual...o tal vez el siguiente. Pero que recordemos un campeonato de una vez. No recordar las finales, los penales, la final de Zaragoza...quiero para el Celta cosas cercanas y mejores. -¿Vuelven sus recuerdos mucho a Mánchester, a esa última jugada? -Todo el mundo te la recuerda. Que debió tirar, que no debió tirar. No vuelvo la memoria para atrás. A lo mejor porque duele. Entonces no es un ejercicio grato. No reviso mucho y siempre pienso en el ahora. Gasto la energía en lo que viene y no me regodeo en las malas sensaciones ni en los recuerdos dolorosos. -En Vitoria, en aquella vuelta de semifinales de Copa, seguramente fue la ocasión en la que el Celta fue menos suyo, que guardó más la ropa. -Puede ser, pero mi cabeza bloquea ciertas cosas. Recuerdo que nos marcaron el gol en la vuelta entrando de segunda línea, una parada de Pacheco a Aspas...pero poco más. Insisto en que duele. No dedico tiempo a eso, a pensar en si Beauvue debió tirar o no. Lo importante es que la próxima vez que estemos ahí delante vaya para dentro. -Han pasado nueve años y cada vez que el Celta juega un partido importante la gente sigue recordando aquellas frases tuyas, el vídeo de la camiseta...llegaste a ser casi más que un entrenador. -Lo siento cuando vuelvo. En la vida creo que la clave es querer y que te quieran. Lo increíble o lo trascendente es que te quieran sin haber ganado porque ciertamente no gané nada. Que te quieran porque reconocen que dijiste verdades que te salieron, que era genuino, esa verdad. Yo creo que esa es la clave. El jugador es más pillo que el hambre y cuando el discurso es artificial o solo está inventado para lograr un fin, dura poco. A mí me quieren por haber hecho un equipo valiente de verdad, no prometer nada a cambio, ilusionarme con un campeonato que llegará. Y también me pasa una cosa muy gratificante. Yo soy un tío de cafetería, tú te cruzas conmigo en la calle, voy al cine, estoy en La Sirenita...a veces en el fútbol actual parecen extraterrestres que hasta te preguntas dónde vivirán estos. Yo vivía ahí abajo y paseaba por la calle todos los días y eso a la gente aquí le gusta. No quieren a alguien arrogante o distante. Quieren a alguien que trabaje, que no diga chorradas y que cuando las papas y el escenario obliguen, te tire a matar. Ojalá vuelva a suceder o que cuando vuelva a suceder, la metamos. -Pero esto es la prueba de que el juego, además de ganar, también va de emociones. -Claro. Yo no gané una Liga ni una Copa, ni la Europa League. Pero en la gente quedó una ilusión genuina, una emoción contagiada. Yo en ese spot de la camiseta me emocioné porque fui jugador aquí, no me lo contó nadie. No tuve que imaginarme esa emoción, la sentí como futbolista y me sentí también muy identificado. Me tocó ir a UEFA, ir al Champions, bajar a Segunda, subir...Y me quedé en Segunda porque sentía la responsabilidad de devolver al equipo a Primera. Luego me volaron y terminé jugando en otra parte. Creo que la gente se quiere por eso porque dice este jugador cuando nos fuimos a Segunda no salió corriendo. Se quedó aquí, cobró la mitad y devolvió al equipo a Primera y como entrenador transmitió una cosa que todos llevamos dentro que es querer ganarles a todos. No respetar a nadie. Además, es el equipo de muchos amigos, de gente a la que quiero y no podía fallar en el Celta. Yo siento en Vigo que no puedo fallarle a esta gente, que las cosas me tienen que salir bien. La parte emocional ha sido muy intensa siempre en el Celta. -Aún ahora mucha gente se sigue preguntando por qué te marchaste. -Pues no me puse de acuerdo con mi contrato y en el último tiempo no se dio el tono. Negociaba con Antonio (Chaves) y con Felipe (Miñambres), tuvimos diferencias pero creo que se arreglarían y que tenían que ver con el sueldo de mis ayudantes. Pero luego hubo una distancia con el presidente y se acabó. No me gusta volver ahí, a esa situación. -Luego aún hubo un intento por arreglarlo. -Antonio trató de encauzar. Lo valoro mucho como persona. Pero ya no tenía arreglo. -Y luego el adiós. -Lo viví como un momento duro. Antonio y Felipe, a quienes aprecio mucho, estaban muy dolidos, vinieron a despedirse y estaban realmente tristes. Para mí fue difícil. Tenía un plan para quedarme, me iba a comprar un piso en la Avenida Atlántida...tuve que darle para atrás y decirle a los compañeros que nos marchábamos. -Se va casi en la cumbre...tal vez si las cosas no hubiesen salido mejor la temporada siguiente el recuerdo no sería el mismo. -No me hubiese ido. No soy de esos que dicen “ahora la bajada la agarren ustedes”. No, no, no. No pienso así. Estaba muy bien. No imaginaba tampoco que lo que venía era peor (se ríe). Creía que podíamos completar el trabajo, que podíamos hacer un equipo mejor. No lo planeé, salió así. No nos pudimos de acuerdo y salí. Pero no por algo que me convenga. -¿Se reprocha algo de esos tres años? -A lo mejor fui injusto con algún jugador que mereció más minutos. Y por mi consideración no lo tenía tan elevado. Pero traté a todo el mundo igual. Y tal vez también a la organización. Todos te pueden decir cómo entrenaba, pero yo creo que la razón fundamental de mi trabajo es que todo el mundo tenga ganas de trabajar. El utilero, el director deportivo. Que sientan que tienen un compañero que los estimula. Eso sentí en mi paso por aquí, que todo el mundo tenía ganas de ir a A Madroa. No solo los jugadores. Es una cosa importante de sentir, de transmitir o de estimular. Después me puedo haber equivocado en planteos tácticos, seguro. Tampoco miré para otro lado cuando hubo que administrar justicia. Tuve que castigar a un futbolista, multarlo. Incluso separarlo. -Le pasó con Orellana. -Sí. Y lo hice. Nadie puede decir que tuve un trato preferencial con unos y con otros no. Por eso hay que tomar ciertas decisiones. Lo que hablamos antes del respeto y las normas. -Yo le pongo un debe. La cantera. Se ha visto que funciona y el equipo ya trabajaba con un modelo y en el filial ya había buenos futbolistas. Pero miró poco hacia ellos. -Puede ser. Pero a lo mejor el equipo ya estaba tan constituido, tan arraigado, con una manera de jugar tan instalada que no permitía la entrada de los chicos con facilidad. Es posible que me equivocase en eso. Yo me acuerdo de que el año de la UEFA tenía en el cuerpo la sensación de aquella temporada que jugamos la Champions y bajamos a Segunda. Por eso en Europa jugamos mucho con el equipo alternativo. Hasta que no conseguimos los puntos en la Liga no cambiamos esa idea. Estaba obsesionado con el daño que nos había hecho la Champions aquella temporada de jugador. -Al final el Celta ha encontrado eso tan complicado que es conectar todo el club para que su proyecto de cantera funcione. -Ha logrado el sueño de que su cantera sea lo que quería que fuese. Y lo es. Hoy en el primer equipo juegan quince de casa, el filial sube a Segunda. Hay una garantía de jugadores por los próximos 15 o 20 años, tal vez. Hay que cuidarlos. Pero sí, ese proyecto ha cuajado y me alegro mucho de ver ese crecimiento y de disfrutarlo. -¿Cree que en el Celta tu semilla permanece? -No lo sé. No podría contestar. El recuerdo es una cosa y el día a día es otra. No, no lo sé. -A nivel de mentalidad sobre todo. -Puede. No tácticamente, porque los equipos cambian, evolucionan. El fútbol no es el de hace años y Claudio ha hecho un trabajo fantástico. Cómo juega, los cambios, las rotaciones, que todo el mundo está implicado en un sistema definido. Y ves a un equipo convencido de lo que hace, ha hecho un trabajo fenomenal durante este tiempo. Pero no podría decirte, no tengo el tacto para decirte si esa idea permanece de si esa manera desafiante de jugar permanece. En lo que sí coinciden es en que son equipos que quieren estar en el campo rival. El diseño y el sistema no son parecidos, pero cualquier sistema es buena si los jugadores están convencidos y los actuales lo están. -A su manera Claudio tiene un mensaje que en ocasiones recuerda al tuyo. Otro estilo pero hay ambición también en ese discurso y el equipo cree, aspira y se ilusiona. -Hoy también la gestión de grupo se ha tornado indispensable. El entrenador es una máquina de contagio. Si no, el combustible no alcanza. Para mí, un equipo energético, transmitiendo esa energía, es casi más importante que la táctica. Puedes jugar desordenado, pero con una mentalidad inquebrantable y es mucho mejor que jugar ordenado, sin esa mentalidad. ¿En qué sentido el Celta ha llegado a un punto ideal casi?, ¿tiene el entrenador ideal para su proyecto?, ¿tiene los jugadores más o menos alineados?, ¿tiene una idea muy clara?, ¿tiene un entorno muy bien construido en torno a todo eso? Pues el Celta está en un momento ideal para crecer, para expandirse y, a lo mejor, para ganar. -¿Lo ve con ese optimismo? -Yo discutía mucho con Antonio (Chaves) de qué nos separaba de los equipos para instalarnos en el grupo de los importantes. Cuesta mucho. Hoy veo que la posibilidad está más cercana. Porque tiene tiene jugadores, tiene recursos, un plan claro. Las condiciones están dadas, son más sólidas que en mi época. Hoy el Celta podría transferir un montón de futbolistas que serían buscados por otros clubes...pero ojalá no vendan a nadie y sigan jugando así de bien. -Cuando hace más de dos años el Celta decide prescindir de Benítez piensan en usted como una de las posibilidades... -No lo vi en ese momento. A veces no es exactamente lo deportivo lo que te hace decidir. Es el momento de tu vida. Quieres estar con tu familia y dices que no. No soy de correr detrás de la zanahoria porque tengo otras zanahorias fuera del fútbol. A veces esta profesión te mete el veneno de volverte egocéntrico, de que si no estás en la rueda...Yo soy feliz con quien soy, fuera de la rueda. No la necesito. Ya conocí la emoción que provoca estar en esta montaña rusa que es el fútbol. Y la verdad que te contamina. Es casi perverso imaginar un ambiente hostil o necesitarlo; esa emoción de 50.000 gritando. Y te vuelves un tanto adicto a eso. Y lo necesitas. Pero lo necesitas más si no tienes algo fuera de esta profesión, algo que te guste. Y yo tengo fuera de la profesión algo que me gusta mucho. Entonces, como te decía, me encanta jugarlo, me encanta dirigirlo, me encanta verlo, pero no me encanta todo del fútbol. Entonces, en aquel momento la otra zanahoria pesó más. -¿Eso fue todo? -Bueno, la temporada estaba iniciada...no sé. Aunque luego me fui a León en México con la temporada iniciada. De todos modos, llamaron a Claudio que fue lo mejor que pudieron hacer para el Celta. -Un segundo baile...tal vez llegue. -Yo necesito que las cosas me vayan bien aquí. Siempre pensé y lo comprobé estando en la tribuna de un equipo que si quieres tirar por la borda todo lo que has construido como jugador tienes que hacerte entrenador de ese mismo equipo. A mí me sucedió al revés. Y eso que viví como futbolista años muy buenos en el Celta. Pero no sé, parece como que el recuerdo de entrenador caló. Y bueno, en ese momento no lo había sentido. Yo siempre le echo la culpa a las tripas. Y cuando las tripas no sienten venir, no, en ese momento no lo sentí. -Es curioso porque se va del Celta y no acaba de cuajar en ningún equipo. -Hay muchas circunstancias. No todo es malo. De Sevilla salgo con el equipo muy bien clasificado y en una temporada llena de problemas dentro y fuera. Y el club tomó esa decisión... Pero sí que es verdad que lo del Celta fue muy bueno. Demasiado bueno en la comparativa de después. Bueno, tendré que repetir algún día... -¿Es el Celta el equipo de su vida? -Lo es. El Celta y Newell’s te diría. He tenido una buena vida en el fútbol, he jugado en muchos sitios, he estado en River, he sido campeón en ocasiones. Jugué muchos años en España. Era lento y grande, pero competitivo. Y sí, el Celta y Newell’s son los que marcan mi vida. -¿Sigue siendo socio? -Ahí sigo.
Читайте также
Подборка похожих материалов из той же ленты — когда есть доступный срез.
12 июл. 2026 г. · Футбол







